Vamos de paseo pi pi pi. Esta vez fue la Rural del Prado quien tuvo el privilegio de que la visitáramos. Los alumnos de quinto año científico y humanístico, algunos invitados de cuarto año, las profesoras de química y filosofía y quien relata esta historia nos embarcamos en un COETC para dirigirnos hacia nuestro destino: Rural del Prado 2010.
Luego de multiplicar varias veces por 55 y contar al menos tres veces a los integrantes de la delegación del Liceo Rincón de la Bolsa, pasamos por la boletaría para quedar habilitados en adentrarnos en el maravilloso mundo de la Rural.
El primer stand visitado fue el de España, donde luego de recorrerlo sin encontrar mucho de la madre patria, el profesor Marone accedió a jugar en el local del Banco BBVA. El objetivo del juego era agarrar – de forma virtual – animales de granja, para posteriormente elegir una carta y ganar dos entradas al cine.
No está de más aclarar que era una granja discriminatoria, ya que Marone agarro un perro y este se puso de color rojo – cuando se acertaba el animal (y no me refiero al profesor) se ponía de color verde – por lo cual la decisión del docente no había sido correcta. A favor del docente nos preguntamos: ¿dónde se vio una granja sin perros? Además para el juego las granjas tampoco tienen peces, acaso ¿los granjeros no pueden tener peceras?
Por si todo esto no fuera poco, lo aberrante, lo denunciable ante el mundo todo, fue cuando Marone eligió la carta, está era la ganadora pero las promotoras de dicho stand dieron vuelta la carta que ellas quisieron, despojando al docente de su merecido premio. El grupo se fue del stand gritando a coro: “…injusticia, injusticia…”
Indignados por lo sucedido en el stand de España, alumnos y docentes se desparramaron por el predio de la Rural buscando venganza. La recolección de folletos y pegotines fueron el objetivo primaria de la delegación, hasta que un chip lo cambio todo.
El grupo se había esparcido por la Rural, pero elementos de vital importancia como un broche o un vaso de ñoquis los volvía a juntar. Cada vez que un integrante de la delegación encontraba una degustación de sólidos gratis, la noticia se propagaba cual gripe porcina y todos vivíamos la experiencia de dicha degustación.
Entre las varias cosas que vivimos y nos llamaron la atención, la que se destacó por encima del resto fue la experiencia vivida en el galpón de animales exóticos. Ahí podíamos encontrar serpientes, sapos y el animal más exótico de todos: el perro.
Merece un párrafo a parte el stand de Claro – para ser coherente comenzamos un nuevo párrafo – Está distinción Claro no la ganó por la arquitectura de su local, ni por lo maravilloso de sus aparatos celulares. Al mediodía, sin proponérselo, el grupo se encontró en la puerta de dicha empresa mientras algunos aprovecharon para almorzar, otros poseídos por el dios del chip se dedicaron a adquirir chips gratis de dicha compañía. Algunos integrantes de la delegación fueron secuestrados por un manojo de cupones para ganarse un teléfono celular, comentan que hasta el día de hoy se los ve llenando cupones en la puerta de la Rural.
Hubo un integrante de la delegación que adquirió al menos 6532 chip, no vamos a dar nombres para preservar su intimidad, aunque diremos que tortilla nadie almorzó. Dicen las malas lenguas que este alumno luego del paseo abandono el liceo, dejó los estudios y los domingos de mañana se lo ve pasar chips en bolsa y sábana en mano rumbo a la feria.